El entrenamiento de fuerza se considera una parte más del
tratamiento de la osteoporosis y osteopenia, si bien no se ha establecido con
claridad que modalidad de entrenamiento es la más eficaz. El entrenamiento de
fuerza máxima (MST) es una de las opciones, y el ejercicio de sentadilla como
un claro exponente de una intervención práctica. Recientemente, investigadores
noruegos han publicado los resultados de un estudio (Mosti y col, 2013; J Strength Cond Res 2-ene) en el que evaluaron
una intervención de 12 semanas de MST en mujeres postmenopáusicas. El
entrenamiento se llevó a cabo en 3 sesiones a la semana, con énfasis en la
rápida ejecución en la parte concéntrica del ejercicio. Después del periodo de
entrenamiento, las mujeres aumentaron el 1RM en un 154%, y la densidad mineral
ósea se incrementó un 2,9% en columna lumbar y un 4,9% en el cuello femoral.
Los indicadores séricos de formación ósea tendieron a aumentar (p=0,09). Los resultados
indican que el entrenamiento de fuerza máxima puede ser implementado como un
método de entrenamiento efectivo en pacientes con reducción de masa ósea.
Ya son muchas las
evidencias de la efectividad del entrenamiento de fuerza como parte de la prevención
y tratamiento de la osteoporosis, ahora “solo” falta que se aplique a la
población por profesionales cualificados, abandonando las trasnochadas
recomendaciones de “paseos por la playa para ganar masa ósea”, o los primitivos
ejercicios con los “cartones de leche”.
